
El año 2016 ha sido de muchísimo movimiento. Me siento muy agradecida de la oportunidad de conocer a familias tan diferentes, en sus diferentes maneras de dar la bienvenida a sus bebés, pero con un punto en común: la transformación. Es bastante evidente que después del parto la pareja se ha transformado en familia, la mujer da lugar a la madre.. pero parir transforma mucho más aún.
Una tarde de domingo en diciembre, recibí una llamada. La abuela había llegado hacía poco para acompañar a la familia y cuidar –en caso de ser necesario– de la hermana mayor. Cuando llegué a la casa, el padre estaba tranquilamente llenando la piscina. La matrona observaba y la hija de 4 años jugaba. Cuando las contracciones ganaron en intensidad, la mamá decidió entrar a la piscina y la hija no dudó en seguirla. Pasaron unas pocas contracciones más y el pequeño nació tranquilamente.
Siempre he pensado que parir transforma pero después de esta experiencia creo que parir transforma ¡al mundo! La abuela que tenía sus temores se volvió una gran defensora del parto sin intervenciones, la hija vió nacer a su hermanito, entendiendo que esencia de un parto natural. El padre participó tranquilamente, con alegría, fluyendo en la vivencia.. y la mamá entregada, se rindió a una fuerza desconocida, ni medible, ni cuantificable: la de un bebé naciendo.
La madre fue una via para la transformación de esa familia y para todos aquellos que un día escuchen esta experiencia, entendiendo que hay otras formas de nacer y que parir transforma, si nos dejamos transformar.
Ximena Silva
Doula en Suiza